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Una vez a solas, Zack recogió la baraja y le dio la mano a ella ayudándola a ponerse en pie, luego la condujo al lado del porche que tenía la hamaca y se sentó en ella haciéndole lugar a Amelia, que no lo despreció, sino que de inmediato se recostó casi encima de él. Zack la rodeaba con sus brazos y ella encontró que era el lugar más tranquilo sobre la tierra, el más hermoso y perfumado.

Suspiró de pura

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