Me senté a la mesa del comedor con las manos apretadas sobre el regazo, tan apretadas que sentía los nudillos fríos. La mesa ya estaba puesta con pollo asado, puré de patatas, brócoli y un bol de ensalada, la comida habitual que el chef preparaba cuando Scott quería algo sencillo. Sin embargo, nada de esta noche me parecía sencillo. Se sentía pesado. Tenso. Incómodo de una forma que me apuñalaba suavemente bajo la piel.
Por suerte, Michael se había ido, y ahora solo Scott, Ace, Courtney y yo es