No sé cuánto tiempo había pasado cuando desperté, pero el fuerte olor a desinfectante fue lo primero que noté.
Al abrir los ojos, vi justo a Héctor sentado junto a la cama, observándome con preocupación.
—¿Te sientes mejor? ¿Tienes algún dolor? —preguntó, ansioso.
Lo miré sin mostrar emoción alguna, sintiendo cómo el asco se apoderaba de mí.
—¿Firmaste? Quiero el divorcio.
Héctor pareció estar desconcertado. Suspiró profundo antes de responder:
—Cariño, por favor, no hagas esto. Piénsalo bien. ¿