Alejandro tomó la caja y miró el collar, pasando los dedos por las perlas brillantes.
—Esto parece demasiado controlado, Héctor —dijo Alejandro, con una mezcla de escepticismo y preocupación—. No me gusta la idea de que estemos vigilándola como si fuera una prisionera.
—No lo estamos haciendo para controlarla, sino para protegerla —insistió Héctor—. Con todo lo que ha pasado, hay demasiadas amenazas alrededor, y no podemos dejar que se vea envuelta en algo peligroso sin tener un plan de conting