Al observar la espalda de Rubí y su tatuaje de dragón con alas que recorrían sus brazos, me imagine precisamente volando montado en la espalda de una dragona que lanzaba llamaradas de pasión por el éxtasis de amarnos de esa manera. Me perdí por unos instantes en su espalda, admirando su belleza y como sus brazos fuertes y apoyados sobre la mesa, no flaqueaban en el acto, era sin duda la mujer perfecta para mis emociones y deseos.
Se incorporó hasta quedar completamente sentada sobre mi vientre