Cuando volví a despertar, me llevé el susto del día al ver que Andy seguía en la cama. Vi la hora en mi teléfono y, ¡joder! Las nueve de la mañana y este cabrón no se ha ido a su cabaña junto a Brenda.
Lo desperté porque ya presentía que ella vendría a preguntar por él, ¿y qué mierda le diría? ¡Ah, mira, querida, tu amor durmió a mi lado porque somos marido y mujer! Ja, Andy, ¿en qué puros problemas me quieres meter? —Renegué en mi mente.
—Buenos días, mi bella esposa. —saludó, abriendo sus ojo