9. Siempre fuiste tú
El silencio que se arma tras esas palabras es abrumante. Su mirada refleja un poco de angustia, pero yo no sé como surtirme al respecto. No me doy cuenta, pero ya hemos llegado a casa.
Su mirada, su jodida mirada. Podría decir que nunca dejó de encartarme.
— ¿C-cómo que me has buscado?
— Me refiero a una persona con tu experiencia —dice rápido— Esperé a que Arnold me comunicara sobre el cierre solo para poder ofrecerte trabajo.
Lo sigo mirando, pero ahora como la tonta que soy. Me emocioné.