Una sonrisa se dibuja en el rostro de Lisandro, mientras me abraza y huele mi cabello como si eso lo ayudara a relajarse.
—No soy un santo, ya te he dicho que tuve mi fase rebelde. En ese momento Paul y yo nos hicimos amigos. Fumábamos, bebíamos y nos comportábamos como dos tontos. Su hermana menor también iba a la academia, por lo que se nos acercaba a veces. Siempre quería romper los límites, pero ella era menor que nosotros. Y aunque a Paul no parecía molestarle que ella hiciera el ridículo,