—¿Qué me pongo para la cena? —le pregunto a Alma al móvil.
—Usa algo lindo, te presentaré a mi prometido —me dice y me pongo feliz.
—Que tal un vestido negro con hábitos de monja —bromeo.
—No seas tonta, ya no soy una niña celosa. Ponte linda, siéntete cómoda contigo misma —me pide y le doy las gracias mientras firmo unos documentos y luego suspiro—. ¿Qué te pasa?
—Es que tenemos que conseguir a una estrella para la portada de diciembre y no sé a quién acudir. Tu hermano vendió casi un millón d