Con su regreso a la mansión, Lucien percibió una calma inquietante entre los suyos. Los miembros del clan, a pesar de su lealtad inquebrantable, parecían estar bajo un manto de tensión. Sabían que la reciente intervención del Consejo no había sido más que una advertencia velada, y que cualquier otra falla podría desatar una tormenta que pondría en riesgo el poder y la unidad del clan.
Clara, por su parte, notó cómo Lucien permanecía ensimismado. La presencia imponente que él irradiaba parecía,