Capítulo 36

Capítulo 36: Secuestro

—Una pena no es para siempre, una pena no es para siempre… —repito esa frase frente al espejo, cada vez que la tristeza invade mi ser, como si se tratara de un tsunami de sensaciones y la única sensación que vine consigo es la melancolía. Una melancolía que llega a mí: cuando los ruidos cesan, cuando las voces se callan, cuando me encierro en mi habitación y ya no escucho nada más que mis tristes pensamientos.

—¿En qué piensas? —pregunta Nicolás detrás de mí.

—En que ya ha pasado dos años de su muerte y sigo sintiendo la misma sensación de aquel día.

—Sé lo que se siente, es una amargura que te quema por dentro, pero todo pasa para hacernos personas más fuertes.

 

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