CAPÍTULO 37. ¿NUNCA ME VAS A PERDONAR?
Su dulce mirada lo desarmaba, no podía sostenérsela luego de escuchar sus firmes argumentos.
—Quiero una vida plena a tu lado —Guillermo respondió con ternura, acercó sus labios a los de ella y la besó con cariño—, perdóname por mortificarte —mencionó.
—No tienes nada que disculparte —contestó—, esto que sientes es porque me amas —manifestó, de pronto su estómago comenzó a clamar por alimento.
Guillermo no pudo evitar sonreír ante el fuerte gruñido del estómago de su chica.
—Parece que algui