CAPÍTULO 32. ¿ME VAS A CORRER?
Isabella acomodó las carpetas sobre cada uno de los lugares de los socios de la firma, que no tardaban en llegar, salió y se dirigió a la oficina de Guillermo.
— ¿Puedo pasar? —indagó asomando su rostro por la puerta.
Memo sonrió al ver la forma en la que caían un par de largos rizos sobre su cara.
—Pasa. —De inmediato se puso de pie para recibirla.
— ¿Está todo listo? —indagó.
—Sí, todo perfecto, supervisé cada detalle, revisé que no hubiera ninguna falla —explicó—, jamás volverá a suceder al