Miré fijamente a David, buscando en sus ojos una calma que parecía esquiva en medio de la tormenta que acabábamos de enfrentar. Su preocupación era evidente cuando volvió a preguntarme si estaba bien.
- ¿Estás bien, Sarah? dijo con voz suave.
Asentí con la cabeza, intentando controlar el temblor en mis manos. Sí, estoy bien mentí, tratando de relajarme.
Miré a mis compañeros de trabajo, quienes observaban la escena con mezcla de preocupación y curiosidad. Por favor, regresen a sus escritorios y