El grabador comenzó a reproducir, llenando la habitación con un suave murmullo de pasos. Después, se escuchó la voz de James, pero justo cuando iba a hablar, la puerta se abrió. Me giré y vi que era la enfermera, ingresando casi en silencio.
- Voy a cambiar el gotero - indicó ella en voz baja.
Asentí y apagué el reproductor, guardándolo en el bolsillo de mi saco. Observé cómo la enfermera realizaba los cambios, revisando el monitoreo y anotando en la historia clínica. Finalmente, me indicó que