Después de mi conversación con Emily, me despedí de ella con un abrazo reconfortante, prometiéndole que todo estarían bien y que estaríamos allí la una para la otra pase lo que pase. Con sus palabras aún resonando en mi mente, me dirigí hacia el restaurante donde tenía una cena programada con un cliente importante.
El restaurante era un remanso de elegancia y sofisticación, y la terraza ofrecía una vista espectacular de la ciudad iluminada. Al llegar, pregunté por la reserva de William Donovan,