EMILY
Nuestro hogar ahora vibraba con la felicidad que habíamos reconstruido juntos. Cada rincón parecía susurrar nuestras promesas renovadoras y las risas compartidas.
Pero conforme pasaban los días, comencé a notar cambios en mi cuerpo. Síntomas que despertaron emociones diversas en mí. Las sospechas se sembraron cuando la fatiga se apoderó de mí, y las náuseas matutinas se convirtieron en un compañero constante. Me sentía emocionalmente vulnerable, y los cambios en mis antojos eran un enigma