Se quedaron toda la noche.
Al día siguiente, Sabrina se despertó y encontró a Francisco levantado temprano.
Salió del dormitorio y vio a Francisco friendo huevos en la cocina.
Francisco la vio despierta y se acercó a saludarla, —Buenos días.
Sabrina le rodeaba la cintura con los brazos, —Quiero un huevo poco hecho.
—Bien —Francisco la cogió de la mano—. Está haciendo frío, ve a ponerte un abrigo, estarán preparados pronto.
—Bien. —Sabrina fue obediente.
De pronto recordó que Francisco le