Sabrina pensaba que era demasiado lindo así.
Entrelazó sus dedos con los de Francisco, le besó en los labios y le susurró al oído: —Se acabó.
Pasaron el resto de la noche juntos.
Seguía lloviendo fuera, pero no les molestó en absoluto.
Sabrina se despertó al amanecer.
Había dejado de llover.
Francisco se había levantado temprano.
Sabrina se incorporó, sintiéndose un poco cansada.
Sabrina estaba cada vez más convencida de que algo debía haberle pasado a Francisco. No creía que alguien tan