Francisco miraba con ternura a Sabrina.
—¿Por qué te disculpas? —Rara vez la había visto así.
«Soy yo quien debería disculparme.»
—La otra noche dijiste que nunca cambiarías tus sentimientos.
Francisco se paralizó un momento, recordando aquella noche. Inconscientemente abrazó a Sabrina con fuerza.
—Sabrina, yo...
«No importa ya, mientras ella permanezca a mi lado.»
Sabrina le interrumpió: —Escúchame. En ese momento no reaccioné, pero más tarde me di cuenta de que no tuve en cuenta tus sen