—Como acaba de decir la Dra. Suárez, los masajes hacen maravillas para tu recuperación. —dijo Silvia.
—Contrataré a un masajista profesional, no te molestaré.
—No pasa nada, yo también soy profesional, y estoy libre.
Para cuidar a Domingo, Silvia rechazó dos ofertas de trabajo para tomar clases de masaje.
Domingo respiró hondo y dijo: —Silvia, ¿puedes dejar de perder el tiempo conmigo? Haz lo que debes.
Silvia se quedó atónita y contuvo las lágrimas: —No creo que sea una pérdida de tiempo.