Sabrina se disculpó: —Lo siento. La herida de las piernas del señor es demasiado antigua para curarse del todo. Lo único que puedo hacer es aliviarle el dolor para que no tenga problemas en dormir por las noches.
Marco suspiró y aceptó el hecho.
Marco miró a Sabrina, —Lo sé. Sabrina, no necesitas disculparte, aún tengo que darte las gracias.
Sabrina sonrió, —Señor, estoy en Madrid por un tiempo, si necesita algo puede contactarme en cualquier momento.
Sabrina le dio la medicación a Marco y s