Sabrina colgó el teléfono y se dispuso a marcharse.
Francisco la detuvo, —¿Adónde vas? Te acompañaré...
—No hace falta. Descansa. Me voy.
Sabrina no tuvo tiempo de explicárselo a Francisco.
Francisco se volvió sombrío al ver a Sabrina alejarse a toda prisa.
Al final decidió seguirla.
Sabrina se fue en taxi.
Francisco no sabía adónde iba ella.
Unos veinte minutos más tarde, el taxi se detuvo frente a la Villa Bella.
Francisco vio a Sabrina saler del coche y se apresuró a entrar.
—Jefe,