—¡Ahhhhh!
Sofía corrió hasta Sabrina y le tomó la mano.
—¿Estás bien?
—Tranquila —dijo Sabrina—, no me paso nada.
—Sabri, a Mateo lo...? —Sofía pasó su dedo por el cuello.
—No, hoy no lo maté.
No quiso ensuciar sus manos. Sofía siguió a Sabrina e iba viendo hombres tirados por doquier.
《¡Oh, estos... ¡los derribó Sabri!》, pensó mientras llevaba una mano a la boca.
—Sabrí, ¿cómo quieres que te agradezca? Haré lo que quieras para elogiarte.
Cuando salieron a la calle y Sabrina iba a re