GÉNESIS
Australia no se parecía en nada a mi antigua vida.
Y no solo hablaba del lugar, de las calles o del acento extraño de las personas. Hablaba de todo. De la casa pequeña que ahora compartía con Leyla, del suelo lleno de cajas abiertas, de ropa tirada en un sillón, de tazas sucias sobre la mesa, de las cortinas aún sin colgar, del colchón que casi habíamos lanzado al piso porque ninguna tenía fuerzas para armar una cama decente.
Todo estaba hecho un desastre.
Y, aun así, aquel caos me gus