Javier estaba sentado con el cuerpo tenso y las manos cruzadas sobre el pecho. Sus ojos miraban fijamente, con hostilidad, al doctor Dani.
Exhalé lentamente para aliviar la tensión y luego dejé un vaso de agua fría delante del doctor Dani.
—Toma, doctor… —dije en voz baja, recordando que el doctor Dani siempre pedía agua fría cada vez que venía a mi casa.
En los labios de aquel hombre se dibujó una cálida sonrisa. Cogió el vaso y se lo bebió de un trago, sin que le molestara en absoluto la pres