—Javier, cálmate… —Le sujeté el brazo a Javier, que estaba a punto de lanzarse a por el doctor Dani para darle una lección.
—¡¿Cómo voy a calmarme si habla así?! ¡Me muero de ganas de darle una paliza, de advertirle bien claro que eso nunca va a pasar! No voy a permitir que tú y Nicolás sufráis —respondió Javier con la respiración entrecortada.
—Lo sé, y confío en ti. ¿No es eso suficiente? Lo importante es que yo confío en ti, ¿no? No harás eso, nos darás amor y felicidad.
Los músculos que ant