Mundo ficciónIniciar sesión—¡Ah, Javier, ¿qué estás haciendo?! —grité sorprendida cuando Javier me agarró las dos manos de golpe y me puso las esposas en las muñecas.
—Has robado en esta casa, así que tienes que ser castigada —dijo con los ojos oscurecidos, llenos de una densa neblina de lujuria.
Negué con la cabeza lentamente. El simple hecho de estar atada ya me hacía sentir atormentada, y ahora, a







