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Salí del local cogida de la manita de Nicolás. Fuera, Alex ya me estaba esperando junto al coche. De hecho, antes había tenido tiempo de traerme algo de ropa de recambio que necesitaba. Era imposible que asistiera a una reunión con gente importante de esta ciudad con la misma ropa que llevaba la noche anterior.
—¿De verdad no quieres venir? —le pregunté una vez más a Camila, justo antes de que Alex nos abriera la puerta del coche.
Camila negó lentamente con la cabeza. —No. Me quedaré en casa,