Diego partió con la abatida Violeta. Solo había sido rozada por una bala y recibido una herida leve, pero su expresión era ahora la de alguien que ha sufrido un daño mortal.
Sentada en el asiento trasero, con la mirada perdida, no pronunció palabra; parecía a punto de desmoronarse.
El impacto de la verdad había sido demasiado para Violeta.
En ese momento, su interior era un torbellino de culpa y conflicto. Levantó la cabeza y miró a Diego fijamente.
—Hermano, esta es la razón por la que no me ma