Luna también se abalanzó sobre él, con la cara contraída por el dolor. —Abuelo, ¿por qué no esperaste un poco? Al menos déjame verte por última vez.
—Señorita Luna, no se entristezca, la partida del anciano ha sido demasiado repentina, nadie se lo esperaba. No se aflijan en exceso, el anciano parece que se fue por un ataque de ira...
Suriel, conteniendo las lágrimas, dijo: —Tío Bernardo, ya hemos mantenido la noticia en secreto, ¿cómo es que el abuelo se enteró? ¿Quién le llamó?
—Señorito Suriel