La nieve caía cada vez más fuerte y Diego redujo la velocidad adecuadamente.
Varios autos los seguían detrás.
En las noches de invierno profundo, había pocos personas afuera. Hoy era Año Nuevo, y por todas partes brillaban pequeñas luces de colores, sumergiendo al mundo en una calma suave.
Dentro del automóvil reinaba un silencio sepulcral, Diego no encontraba las palabras adecuadas para hablar.
Mientras tanto, Clara miraba por la ventana sin saber qué pensaba.
Cuando estaban a punto de girar, D