Hernán no estaba presente, y Clara se divirtió mucho jugando con Solaris. Solaris era mejor en el lenguaje que Lunia, y podía expresarse con claridad.
Ambas se llevaban bien, y Clara, al ver la inocente sonrisa del niño, comenzó a esperar los días por venir.
En ese momento, sonó el teléfono de Paloma, y Clara contestó de inmediato.
Se escuchó la voz angustiada de Paloma: —Clari, ayúdame, por favor.
—Paloma, ¿qué te pasa?— El corazón de Clara se aceleró de inmediato.
—Es una situación complicada,