Diego respiró profundamente, obligándose a calmarse.
Madre e hija llevaban vestidos largos plateados, deslumbrantes, antiguos y exquisitos.
Combinados con las cadenas de plata, irradiaban una belleza especial.
El rostro de Lunia no tenía ninguna ocultación cuando apareció en la pantalla grande con sus mejillas inocentes y puras.
Cuántas personas quedaron cautivadas por ese rostro angelical.
Ella no había sido drogada, sus grandes ojos eran claros.
Llevaba una diadema de cristales y plumas en la