Clara dirigió su atención hacia la puerta ocupada. —¿Qué sucede?
Darío siempre fue muy respetuoso y no solía interrumpirla cuando descansaba.
—Bueno... señorita Suárez, ¿está usted durmiendo? Lamento mucho molestarla.
Clara pensó que ella tampoco estaba durmiendo, así que se levantó y se puso una bata antes de dirigirse hacia la puerta. La abrió. —Yo...
Su voz se detuvo en seco cuando vio a Darío sosteniendo un pastel con velas encendidas. La luz de las velas iluminaba su rostro bonachón, y las