Después de siete días de quimioterapia, Clara pudo levantarse lentamente de la cama, aunque había perdido por completo su cabello después del tratamiento.
Mirándose en el espejo, veía su mentón puntiagudo y su cabeza completamente calva.
Susana, apoyándola, trató de consolarla: —Hermana Clara, no te preocupes. Una vez que dejes de tomar los medicamentos, tu cabello volverá a crecer.
Pero Clara sonrió indiferente: —Si no tengo vida, ¿de qué sirve tener una piel bonita? Agradezco a Dios el solo he