Clara sentía cierto temor de que el estado de salud de Teresa se viera afectado por la situación, así que observaba nerviosa las expresiones de los tres.
Fue entonces cuando Alberto se dio cuenta de que Teresa también estaba allí y posó su mirada en ella por un momento antes de apartarla.
Su mirada era compleja, difícil de describir con una sola emoción.
Por otro lado, Teresa no lo miró a él, solo murmuró en voz baja: —Joder, qué mala suerte.
Aunque sus palabras eran ni muy fuertes ni muy suaves