Clara no percibió ni la más mínima perturbación en la mirada de Diego. Recordando la actitud arrogante de la mujer anterior, Celestina seguramente también sería alguien de malas intenciones.
Diego, pareciendo preocupado de que Clara malinterpretara, se agachó, colocando la mano de Clara en la palma de la suya.
Permaneció medio agachado, con su imponente figura pareciendo aún más baja que la de Clara, que estaba sentada.
Aunque Diego no parecía preocuparse por su estatura, levantó la barbilla con