Clara extendió la mano y tomó la botella de vino. —Tienen razón, debería brindar por ambos.
En ese momento, dos manos se acercaron desde ambos lados de Clara. Eran las manos de Luis y Paloma. —No puedes beber este vino.
Clara miró a Paloma con una expresión suplicante y dijo: —Solo tomaré un poco, no pasa nada.
Bajo las brillantes luces, Paloma vio la determinación en los ojos de Clara y soltó su mano en silencio.
Clara se sirvió una copa de vino tinto. Luis parecía indeciso, incapaz de hablar,