Diego se recostó en el sofá de cuero genuino, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. En su rostro apuesto se reflejaba el agotamiento, con los ojos cerrados, indicando que estaba dormido.
Clara lo miró sin despertarlo y, en cambio, se sentó en silencio frente a él, tomando un libro de programación al azar.
Una brisa fresca entró por la ventana, y solo entonces Diego despertó de su letargo.
Observó el desolado paisaje exterior, indicando que la nieve estaba a punto de caer en pocos días