Cuando Clara despertó de nuevo, ya era de noche. Escuchó llantos desde el pasillo.
Abrió los ojos medio adormilada y no se movió. Se quedó mirando fijamente el techo con la mirada perdida.
Como si todo fuera un sueño, sin sensación de realidad.
Diego, con los ojos enrojecidos, la miraba. Su voz sonaba ronca: —Clari, has despertado.
Al ver a Diego tan desgastado, Clara entendió de inmediato que había pasado días y noches cuidándola.
Durante estos días, Clara solo había dependido de suero nutricio