El mundo interior de Clara se derrumbó por completo, y sus hijos fueron la última paja que la quebró.
Cuánto había anhelado el nacimiento de sus hijos antes, y ahora, cuánto sufría.
Las lágrimas y la sangre caían juntas mientras Clara se agachaba en la cama, agarrándose fuertemente el cabello. —Diego, no deberías haberme salvado, la vida es demasiado amarga.
No podía encontrar un propósito para su existencia.
Era como un presagio de desgracia para quienes la rodeaban.
Diego la abrazó de nuevo. —