Quirino reprimió el miedo en su rostro, su mente trabajaba a toda velocidad para inventar excusas.
—Acabo de podar algunas ramas de flores y las arrojé al cubo de basura al pasar.
Diciendo esto, arrojó un montón de ramas de flores de la mesa justo encima del fragmento rasgado de la invitación.
—Señor Suárez, mejor deje que nosotros nos encarguemos de esas tareas más pesadas.
—No hay problema, moverse un poco ayuda en la recuperación. ¿Clara ya se levantó?
—Todavía no. Últimamente, la señorita ha