Sin darse cuenta, Clara ya entró en la habitación. Recordaba que este lugar solía ser la habitación de invitados de la familia Suárez.
Pero ahora, alguien la había convertido en una gran sala, mitad rosa, mitad azul cielo, todos colores suaves.
Bajo sus pies, estaba una alfombra larga y suave. Y en el techo, habían algunas nubes dibujadas.
Cuando la puerta se cerró, las luces de la habitación se apagaron de repente.
Sin embargo, el techo ahora estaba adornado con muchas estrellas, su resplandor