Al escuchar estas palabras, Claudio comenzó a llorar de inmediato, gritando: —Mamá, quiero, quiero a mamá.
Claudio era un niño obediente que rara vez lloraba, pero cuando se trataba de algo relacionado con Clara, lloraba con mucha tristeza.
Diego suspiró impotente: —Esta será la última vez, una vez que veamos a mamá, tendremos que irnos, ¿de acuerdo?
El pequeño no entendía lo que quería decir, pero mientras pudiera ver a mamá, todo estaría bien. Con lágrimas en su rostro, asintió obedientemente.