Clara se levantó con cierta dificultad, y una débil sonrisa se formó en su rostro. —Desde que lo vi por primera vez, me enamoré de él. Lo he amado durante muchos años y... no puedo dejarlo.
Luis vio las lágrimas en sus ojos y deseó poder enjugarlas, pero sabía que no tenía ese derecho. Así que mantuvo sus manos en su regazo y simplemente la observó en silencio.
Las lágrimas recorrieron su delicada mandíbula mientras Clara continuaba con una risa forzada: —Sé que me siento avergonzada así, pero c