Camila se sorprendió al ver a Yolanda, pero rápidamente su sorpresa se transformó en alegría.
Siempre había sentido una extraña afinidad por Yolanda.
—Yolanda, ¿has venido? Por favor, siéntate.
Yolanda había pensado que después de cómo la había tratado la última vez, Camila la odiaría. Sin embargo, no había ni rastro de reproche o frialdad en el rostro de Camila, solo una sincera alegría por su presencia.
Dejando la cesta que llevaba en la mano, Yolanda balbuceó: —Vine a verte. No era mi intenci