Manuel tomó la mano de Camila y la reconfortó: —No llores, encontraré a tu hija biológica por ti. Seguro que tú y Clara tienen mucho de qué hablar. No quiero interrumpir.
En la habitación solo quedaron dos personas, Clara y Camila, quienes se miraron el uno al otro. Ambas aún se estaban adaptando a su nueva relación.
Fue Camila quien rompió el incómodo silencio, tomó la mano de Clara y dijo: —Sin importar si somos madre e hija de sangre, te debo mucho. Mi enfermedad es una especie de castigo.
—T