El acontecimiento inesperado alteró todos sus planes, y Clara no podía dejar a esa persona atrás.
Esperó ansiosa mientras el médico de urgencias confirmaba que no corría peligro de muerte. Pronto, el paciente recuperaría la conciencia, y solo entonces Clara se apresuró a marcharse.
El hombre, al recobrar el conocimiento, se enteró de que alguien amable lo había llevado allí y, en ese momento, deseó expresar su agradecimiento.
—Qué mala suerte. La señorita que pagó por ti ya se ha ido.
—¿Cuánto t