A pesar de saber que Carlos estaba completamente preparado y que Clara ya había contactado a esas personas de antemano, hubo un contratiempo al transferir a Quirino.
A la hora acordada, Carlos aún no había regresado.
Esta noche, la oscuridad era tan densa como si estuviera empapada en tinta, no se veía ni una sola estrella en el cielo.
El patio seguía siendo acogedor, con las flores de cerezo bailando bajo la tenue luz. Clara había colgado una bola de deseos en las ramas.
El viento hacía balance